Vaya a saber porqué
entré a este bar de tedios y rutinas.
Mercado persa
de musas y abandonos,
escape y soledad,
flores marchitas.
Por sus paredes ocres
va corriendo el ayer
y alguna oscura foto
que la humedad hirió,
llama a recuerdos.
Telarañas del tiempo
parecen envolver a quien traspasa
-como yo- el blanco umbral,
mármol que supo
tener su espalda erguida.
Paciente
una mesa tatuada,
con tantas quemaduras como historias,
se dispone a servir
de bohemio diván a mi presencia.
2 comentarios:
Te dio pie para este nostálgico poema, tu entrada en el viejo café, quiero decir.
Espectacular y nostálgico.
Alguno de éstos en tu Alicante debe de haber, verdad?
Un abrazote
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