Con la perseverancia del oleaje,
se caen los minutos
como sílabas ocres
de una rama invisible.
El viento se ha empeñado
en darle vuelo libre a las campanas
que suenan nombres idos,
secretos bien guardados,
baldíos y esperanzas.
Un espejo no entiende de misterios.
Indiferente a lágrimas y risas
sólo mira el follaje de los cuerpos.
Tiemblo a veces.
Un enigma se duerme en mis pupilas.
Salteo algunas páginas,
pongo mi corazón en cierto cuenco
de un silencio sereno y complaciente.
Sigo.
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