
Cubierto por mi niebla
no llegué a darme cuenta
que las horas -en calma- se dormian,
que había quedado solo
junto a un pocillo seco
poblado de cenizas.
Por detrás de los vidrios
alternaba el neón su colorido.
Más allá
las penumbras latentes de una plaza
y el silencio tejiendo madrugadas.
Mis pasos intentaron
-en su habitual rutina-
no lastimar la ronda de unas sombras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario